martes, 30 de agosto de 2005

LA HISTORIA DEL PANAL ...


En el año 2000 cuando comenzamos otro período de concurrencia a la isla nos encontramos con un hermoso panal . Sus más que generosas dimensiones - como puede apreciarse en la foto- albergarían seguramente varios miles de avispas . Es decir había más avispas de esas chiquititas reheavy, rejodidas que pobladores en todo el delta...
El lugar que habían elegido era en el medio del parque, a pocos pasos de la casa y escasa distancia de la costa, con lo que generaron , simplemente por respeto una división de hecho en el lugar. La isla pasó a ser por un lado la casa y este lado y el otro lado casi ignoto del panal al cual era muy difícil acceder.
Así las cosas, había que tener cuidado con las avispas, no las despiertes, no las enfurezcas, no las molestes, no se te ocurra tocar la ramita ni mover el árbol.... cuidado con Matilde y Lola a ver si las pican, cuidado con los chicos, cuidado, cuidado, cuidado... con las dueñas de la isla.
Varios fueron los tanteos para erradicar el panal. Humo de una fogata cercana. No resultó. Esperar el invierno cuando tienen menos actividad, tampoco. A la mañana temprano a la tarde noche, menos. Tantear sus reacciones. ..
En ese entonces , por el año 2001 y 2002, iba a la isla los días miércoles a la tarde además de los domingos. Aprovechaba cuando salía del trabajo a las 15 horas y antes de las 16 estaba allá para tomar unos mates, disfrutar el lugar, la tranquilidad, y prácticamente sin hacer nada me volvía a eso de las 19 horas. Como extraño esa vida ... Todas las veces tanteaba a las avispas. Arrojaba un palito o una piedra que al pegar en el panal hacía que en unos minutos salieran una cantidad importante de avispas, lo recorrieran reconociendo los daños y lo terminaban por cubrir por el lado exterior a modo de coraza protectora hecha con sus propios cuerpos. Tal su disciplina y su comportamiento. Arrojar un segundo palo ya producía el vuelo amenazante de unas cuantas avispas a modo de avanzada y arrojar un tercero era ya medio suicida.
Pensé todo tipo de artimañas, conseguir equipo especial para apicultura, cortar el arboliro que lo sostenía en el cruce de dos endebles ramitas pero que conformaban una cruz a prueba de viento y tormentas increíblemente fuerte. Cuando con la motosierra me acercaba ya comenzaban los sobrevuelos amenazadores que me hacían desistir. Cuando me acercaba desde otro costado con el hacha, al pegar el primer golpe de vuelta el sobrevuelo en picada sobre los oídos, cuando me acercaba con el serrucho al segundo vaiven lo mismo.
Así pasó hasta mediados de 2003 cuando un día especialmente frío repetí el consabido ritual y al primer palo no hubo respuesta alguna. Ya extrañado arrojé el segundo, tomando precauciones y grande fue mi sorpresa cuando despues de esperar unos minutos tan solo aparecieron un veintena de avispas a recorrer su superficie. El tercer palo y la misma falta de respuesta fueron el último aliciente que necesitaba. Había llegado la hora del ataque frontal, de definir mi lucha personal con los insectos...Buscar el serrucho, cortar las dos ramitas finas y verlo caer al piso fueron una sola cosa. Mi imaginación al verlo en el aire me hizo creer que al tocar el piso se rompería y miles de avispas saldrían entonces en mi búsqueda de tal manera que podría llegar corriendo por el agua hasta Dique Luján sin poder evadirlas... pero no, a pesar de haberme refugiado inmediatamente en la casa por las dudas, cuando retorné lo encontré en el piso y con las mismas pocas avispas o quizás menos que antes. Sin saber la razón verdadera lo tome de un extremo de la rama más gruesa y de un tirón lo arrastré hasta el borde del canal arojándolo de inmediato al agua...
Quedó flotando, nada sucedió ni nadie dió señales de ningún tipo. A tal punto que pensé que el panal había sido abandonado, o se habían muerto sus ocupantes diezmadas vaya a saber por que enfermedad, o que la presión atmosférica más el frío y otras condiciones climáticas las adormecieron por demás, pero preferí pensar que ese fue un día en que se durmieron en masa y la guardia pretoriana que dejaron no fue suficiente para defender el fuerte...
El domingo cuando volví, el río había devuelto el panal a la orilla. Recuperado pude investigarlo por dentro descubriendo un fascinante mundo, un perfecto alojamiento para miles de insectos que ya no estaban y que seguramente ya habían comenzado a construir su próxima morada en algún otro lugar de la isla, pero ya no tan a la vista de los humanos, ni en el medio de mis dominios...

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